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Editorial

Interrogantes que plantea el terremoto de Chile

 

Por José A. Inaudi
inaudijose@gmail.com

Para Inmobidiario

El intenso terremoto y maremoto que afectaron a la zona central de Chile el pasado 27 de febrero (ver foto) y generaron la muerte de cientos de personas, daños en cientos de miles de viviendas, nos plantean varias preguntas. ¿Existen formas de predecir los maremotos? ¿Son evitables todos los efectos de terremotos sobre las personas y la infraestructura de un país? ¿Debe prohibirse toda actividad humana y económica por la probabilidad de ocurrencia de desastres naturales como terremotos, maremotos, huracanes o inundaciones? ¿Son las construcciones sismo-resistentes realmente capaces de resistir terremotos de gran magnitud?

Los efectos directos y derivados de un terremoto de gran magnitud se van develando en la medida que conocemos más de cerca lo sucedido en nuestro vecino país, lo sucedido en Haití poco tiempo atrás, o lo sucedido en la ciudad de San Juan en
1944. A la tragedia de muertes de personas en el momento del terremoto, se suman la sensación de desprotección de los habitantes, la paralización de gran parte de las actividades debido a la falta de servicios básicos (daño en redes de agua y electricidad), la pérdida de funcionalidad de hospitales, los problemas de comunicaciones por daño en infraestructura, el desabastecimiento de comunidades grandes y chicas por falta de infraestructura y la paralización de la actividad económica en muchas ciudades.

Aun cuando Chile ha tenido terremotos de alta intensidad con alta recurrencia (varios terremotos de gran magnitud en el último siglo) vemos que el sistema social y el Estado quedaron desbordados por las consecuencias de este evento. Durante el terremoto muchos sistemas que la sociedad utiliza permanentemente dejan de funcionar. Esto genera caos e incertidumbre.  El Estado entonces interviene de manera urgente para socorrer a damnificados, garantizar la paz social y distribuir víveres. Con acciones de mediano plazo, el Estado planifica y ejecuta la reconstrucción de infraestructura, busca facilitar el apoyo financiero a damnificados para reconstrucción de viviendas y redefine si fuera necesario normas de construcción, criterios de uso de suelo, etc.

En muchas regiones del mundo el riesgo de sismos fuertes o maremotos existe. La pregunta es ¿en qué medida lo desafiamos, lo evitamos o lo acotamos? Evidentemente, si construimos en zonas cercanas a fallas o lo hacemos con materiales no adecuados, los riesgos son muy altos. Ahora bien, si se utilizan materiales adecuados, se construye a cierta distancia de fallas, se controlan bien los diseños (mediante revisión estructural de profesional independiente como se exige en Chile) y se realizan controles estrictos de la construcción, dicho riesgo se acota.

Los permisos de construcción, normas de diseño sismo-resistente y definición de uso de suelo deben regularse con criterio. Por ejemplo, ubicar inmuebles residenciales en zonas costeras a cotas alcanzables por maremotos no resulta recomendable en zonas de alta sismicidad y con antecedentes de ocurrencia de estos fenómenos. Ahora bien, en el caso de localidades costeras ya construidas, las herramientas de mitigación que están a la mano son la concientización de la población y desarrollo de estrategias de evacuación tendientes a reducir la pérdida de vidas humanas y el desarrollo de alertas tempranas. No es factible predecir el instante en que se producirá un sismo, pero sí es factible en ciertos casos dar aviso o alerta temprana de maremoto con tecnologías disponibles. Como la onda sísmica viaja a significativa mayor velocidad que la ola del maremoto y los sistemas de comunicación transmiten información de manera casi instantánea, el alerta temprano puede emitirse.

Las normas de diseño sismo-resistentes deben ser claras y explícitas en términos de la expectativa del propietario del inmueble sobre su desempeño esperado en terremotos de distinta intensidad. Los códigos actuales tienen implícita la condición de no colapso de la estructura en sismos de alta intensidad y baja recurrencia, pero no garantizan que la estructura y/o sus contenidos no sufran daños. Más aún, las normas asumen que la estructura quedará dañada en un evento sísmico de alta intensidad.

Evidentemente el daño en hospitales en momentos cuando los centros sanitarios son tan necesarios, el daño en puentes en momentos cuando es necesario proveer alimentos nos hace preguntarnos si estas estructuras se diseñan adecuadamente, si no existen otras técnicas de diseño más efectivas o incluso dónde debe ser construida la infraestructura para garantizar su funcionamiento post terremoto y evitar que zonas de alto riesgo se desarrollen. Existen en la actualidad sistemas constructivos que reducen significativamente la probabilidad de daño de estructuras y protegen su funcionalidad, de manera que esta última quede garantizada aún en terremotos de alta intensidad. En Chile, como en muchos países de alta sismicidad, se han construido hospitales, puentes y edificios residenciales con sistemas de protección sísmica como aisladores sísmicos y disipadores de energía. La observación comparada del comportamiento de estructuras tradicionales y estructuras con sistemas especiales de protección en eventos sísmicos de alta intensidad como el terremoto chileno nos irá iluminando el camino para ofrecer a la sociedad sistemas constructivos más seguros y de mejor desempeño. 

Como en muchos aspectos de la sociedad el aprendizaje es lento. Podemos decir sin embargo que en ingeniería sismo-resistente se ha avanzado bastante. Una métrica adecuada sería simular lo que habría sucedido en Santiago de Chile si las normas sísmicas y sistemas constructivos no hubieran evolucionado. El aprendizaje para la prevención y mitigación de catástrofes es multidimensional: planeamiento urbano, planes de emergencia, funcionamiento garantizado de instalaciones sanitarias post catástrofe, sistemas constructivos, sistemas de protección, redes de medición sísmica, observación e investigación del comportamiento de estructuras para mejorar tecnologías. Chile está en ese camino y este evento es una prueba difícil de la que seguramente saldrá fortalecido. ¡Ánimo y fuerza Chile!

Construcción  |   Editorial  |   Infraestructura
9 MAR 2010
 
 
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